Entre las muchas variantes de los esports, hay una que no termina de definirse del todo, y que a pesar del masivo éxito que han tenido como juegos no se han destacado por tener ligas o campeonatos oficiales, ni grandes partidas en estadios, con televisación en vivo. Hablamos, claro está, de los Battle Royale y el desafío de su espectáculo.

¿Qué es un Battle Royale?
El género Battle Royale nace de la novela homónima de Koushun Takami de 1999, inspirada en el señor de las moscas y a la vez fuente de inspiración de la exitosa saga de Los Juegos del Hambre. La premisa es simple: un mapa gigantesco que se va cerrando con el correr de los minutos a una locación cada vez más pequeña, en donde todos los jugadores deben ir convergiendo para no quedar fuera del juego. Mientras tanto, cada uno de los jugadores o los equipos deben eliminarse mutuamente hasta que haya un solo vencedor.

Fortnite, PUBG, Apex Legends o Call of Duty: Warzone son sólo algunos ejemplos que encabezan la lista de los más jugados. Excelentes juegos, cada uno con sus características que lo hacen únicos. En Fortnite, además de lootear (recolectar del mapa) armas, puedes lootear materiales de los elementos del juego para construir paredes, plataformas o fortalezas que te den una ventaja de cobertura o altura sobre tus enemigos. En Apex, puedes seleccionar campeones con habilidades únicas. En Warzone, la compra de mejoras como un scan para ver dónde están los enemigos cercanos o la resurrección de un compañero.

Con antecesores como los mods homónimos de Minecraft, PUBG fue el primero en dar el salto hacia el género y tuvo mucho éxito con esta premisa. El juego es naturalmente competitivo, aunque como casi todos, empezó sin una clara plataforma de competición profesional. Si bien son estos son juegos increíblemente populares y con sistema de ranking, ninguno ha logrado tener una liga competitiva como si tienen títulos como League of Legends o Counter Strike: ligas regulares por año con equipos definidos, franquicias o eventos anuales al nivel de los Worlds de LoL, a pesar de haber sido incluso más populares en plataformas como Twitch.

Torneos en vivo y streaming

A nivel espectáculo para espectadores, personalidades como Ninja o Thegrefg han podido explotar este género para romper récords de visitas y espectadores en tiempo real, y Fornite se ha mantenido a la cabeza durante varios años como uno de los juegos más estremeados y populares. Sin embargo, lo que hace de los Battle Royale un género tan atractivo es la vez su mayor dificultad para generar un espectáculo competitivo: tiene demasiados jugadores.

Desde el punto de vista del espectador, es relativamente fácil comprender que es lo que sucede en pantalla cuando dos equipos se enfrentan en un mapa como sucede en géneros como el MOBA o títulos como Counter Strike o Valorant. Toda la información que aparece en pantalla es suficiente para conocer el estado de la partida en tiempo real, y permite saber al espectador quién está ganando, cuál es la estrategia que se está explotando y los equipos y jugadores son fácilmente reconocibles en todo momento.

En un Battle Royale como Fortnite, en donde hay cien jugadores en pantalla es imposible mantener un seguimiento de todos en simultáneo. Caso que se vio plasmado por ejemplo durante el campeonato mundial World Cup Finals en Las Vegas durante 2019 cuando el jugador argentino Thiago ‘K1ngLapp quedó entre los cinco mejores del mundo. Durante la transmisión se seguían los pasos de los jugadores más relevantes (o que iban en la delantera) o jugadas importantes de muchos contrincantes, pero una gran parte de la partida y las eliminaciones sucedían fuera de la pantalla.

Dificultades técnicas

En los torneos de demostración o juegos con menos jugadores como Apex, PUBG o Warzone, con equipos de cuatro jugadores (60 individuos en total) es realmente complicado ver y analizar en tiempo real la estrategia de cada equipo. Si bien las estrategias se han estandarizado hasta cierto punto, en el momento en que cuatro, seis u ocho equipos convergen en el punto central -en los últimos momentos de la partida- el espectáculo se vuelve un pandemónium difícil de interpretar hasta que menos equipos quedan en pie.

Otra gran desventaja con este género si quisiera plantear una escena competitiva con eventos en vivo, es la logística de la organización. Supongamos un torneo de como la Global Series de Apex Legends, con 20 equipos de tres jugadores cada uno. Estamos hablando de un escenario con 60 jugadores en igual cantidad de máquinas, que a su vez deben estar dispuestas de tal manera que ningún jugador pueda observar la pantalla de un contrincante ni escuchar sus comunicaciones. En los grandes eventos de esports esto se resuelve con cubículos o con grandes espacios entre equipos y headsets con cancelación de ruido. También conlleva una inusitada cantidad de referees en el escenario -al menos uno por equipo- para analizar la competición en vivo. La mayor parte del escenario se pierde en la monumentalidad y se desdibuja la actuación de los jugadores, uno de los aspectos más interesantes.

Finalmente, el aditivo de que a medida que transcurre la partida, hay equipos que van quedando sucesivamente fuera del juego y que deberían retirarse del escenario o esperar a que termine la partida. Situación incómoda si la partida dura 30 minutos y dicho equipo queda eliminado en los primeros dos.

El Battle Royale, sin embargo, no necesariamente se debe alimentar de una cimentada escena competitiva. Aunque a muchos nos gustaría ver un torneo profesional de algunos de estos juegos como se intentó con PUBG o Apex a través de la Global Series, el torneo en vivo, en un estadio, puede no ser lo que estos esports necesitan para ser un esport en toda regla. Ciertamente no lo han necesitado para convertirse en el fenómeno que son hoy

Por Iván Darío Niello

Comunicador social. Hincha de los buenos jugadores. No paso de platino en ninguna liga, pero disfruta mirarlas.

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